Artículo original
Vol. 5 Núm. 2
16 min
Parálisis facial periférica aguda en edad pediátrica: un estudio observacional retrospectivo en un hospital de tercer nivel
Acute peripheral facial palsy in the pediatric age group: a retrospective observational study in a tertiary care hospital
Marta Vega-Bayón1*, Patricia Justo-Vaquero1, José-Manuel Marugán-de-Miguelsanz1, Jorge Carranza-Ferrer1, María de-Felipe-Pérez2
1Hospital Clínico Universitario de Valladolid, Valladolid, España. 2Hospital de Medina del Campo, Medina del Campo, Valladolid, España
Correspondencia:
Recepción:
29/09/2025
Aceptación:
23/01/2026
Publicación:
26/06/2026
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Resumen (ES)
Objetivo: Analizar variables poblacionales y clínicas de pacientes pediátricos con parálisis facial periférica aguda (PFPA), además de comparar nuestros resultados con los reportados en estudios nacionales e internacionales.
Métodos: Se realizó un estudio observacional, descriptivo y de tipo serie de casos. Se incluyeron los niños menores de 14 años que acudieron al Servicio de Urgencias por PFPA desde enero de 2015 hasta mayo de 2024.
Resultados: Se reclutaron 38 pacientes. La mayoría (60,5%) niñas, con una edad media al diagnóstico de 8,6 años. En 24 (63,1%) la causa fue idiopática. La frecuencia de casos fue mayor en verano (32,4%) y otoño (31,6%), seguidas de invierno (18,4%) y primavera (15,8%). Únicamente 4 (10,5%) pacientes requirieron la realización de pruebas complementarias. El cuadro catarral y la cefalea (21,05%) constituyeron los síntomas asociados predominantes, seguidos por la otalgia (15,8%). 19 casos (50%) correspondieron a un grado III en la escala de House-Brackmann, 7 a un grado II (18,4%) y 6 a un grado IV (15,8%). Se constató la recuperación completa en 34 niños (89,5%). Aunque a todos los pacientes se les administró corticoesteroides, se observó recurrencia en 1 (2,6%) y no se logró la curación completa en 4 (10,5%) de los cuales 3 (75%) tardaron más de 72 horas en comenzar el tratamiento y únicamente 2 pacientes (50%) acudieron a rehabilitación. No se observó un incremento de casos durante ni después de la pandemia de SARS-CoV-2, con una media anual de 4,16 casos prepandemia y 4,25 casos postpandemia.
Conclusión: Se describe una serie consecutiva de PFPA pediátrica, sin incremento de casos durante ni tras la pandemia por SARS-CoV-2, de etiología mayoritariamente idiopática, sin patrón estacional y con buena evolución tras corticoterapia, siendo la fisioterapia útil en los casos con recuperación incompleta.
Palabras clave (ES):
Resumen (EN)
Objective: To analyze the demographic and clinical variables of pediatric patients with acute peripheral facial palsy (APFP), as well as to compare our results with those reported in national and international studies.
Methods: An observational, descriptive, case-series study was conducted. Children under 14 years of age who presented to the emergency department with APFP from January 2015 to May 2024 were included.
Results: Thirty-eight patients were enrolled. The majority (60.5%) were girls, with a mean age at diagnosis of 8.6 years. In 24 (63.1%) cases, the cause was idiopathic. Case frequency was higher in summer (32.4%) and autumn (31.6%), followed by winter (18.4%) and spring (15.8%). Only 4 (10.5%) patients required complementary testing. Upper respiratory tract symptoms and headache (21.05%) were the predominant associated symptoms, followed by otalgia (15.8%). Nineteen cases (50%) corresponded to grade III on the House-Brackmann scale, 7 to grade II (18.4%), and 6 to grade IV (15.8%). Complete recovery was observed in 34 children (89.5%). Although all patients received corticosteroids, recurrence was observed in 1 (2.6%), and complete recovery was not achieved in 4 (10.5%), of whom 3 (75%) took more than 72 hours to start treatment and only 2 patients (50%) attended rehabilitation. No increase in cases was observed during or after the SARS-CoV-2 pandemic, with an annual mean of 4.16 pre-pandemic cases and 4.25 post-pandemic cases.
Conclusion: We describe a consecutive series of pediatric APFP, with no increase in cases during or after the SARS-CoV-2 pandemic, predominantly of idiopathic etiology, with no seasonal pattern, and with favorable progression following corticosteroid therapy; physical therapy proved useful in cases with incomplete recovery.
Palabras clave (EN):
Introducción
La parálisis facial periférica aguda (PFPA) es una debilidad o parálisis de los músculos de la cara causada por la lesión del nervio facial (VII par craneal) en su trayecto desde su núcleo de origen en la protuberancia a la periferia, lo que produce incapacidad para mover voluntariamente los músculos de la expresión facial en el lado afecto. Esta patología se diagnostica con frecuencia en el servicio de Urgencias y sus consecuencias pueden afectar al desarrollo social y emocional de los niños(1). Por ello, es importante conocer sus características y evolución para brindar una atención adecuada. Esta parálisis se clasifica según su etiología en idiopática (también denominada parálisis de Bell), infecciosa, traumática, neoplásica e inmunitaria(2). El diagnóstico de la forma idiopática es clínico, tras la exclusión de otras causas(2). Aunque en ocasiones es necesario recurrir a la realización de pruebas complementarias como estudio analítico, estudio de líquido cefalorraquídeo, serologías o pruebas de imagen. El abordaje terapéutico incluye medidas generales (lágrimas artificiales, ungüento oftálmico y oclusión nocturna), así como corticoterapia precoz, a pesar de que su indicación es controvertida. En algunos pacientes pueden ser necesarios antivirales, antibióticos o, en casos seleccionados, tratamiento quirúrgico.
El estudio se planteó, en parte, para profundizar en las necesidades de atención y seguimiento de los pacientes con esta patología en nuestro hospital, ya que no encontramos muchos estudios realizados en centros de las mismas características que abordaran el seguimiento de los casos tras el diagnóstico en urgencias.
El objetivo de este estudio fue caracterizar de manera integral los casos de PFPA atendidos en menores de 14 años en el Servicio de Urgencias de un hospital de tercer nivel. Para ello, se analizaron sus características epidemiológicas (edad, sexo y localización), la etiología identificada, la clínica acompañante, el grado de afectación facial, el empleo de pruebas complementarias, las estrategias terapéuticas aplicadas, la necesidad de derivación a otros especialistas y la evolución clínica posterior. Y finalmente, comparar los resultados obtenidos con registros nacionales e internacionales para valorar la representatividad de la cohorte local.
Material y Métodos
Se realizó un estudio observacional, retrospectivo y descriptivo, así como una revisión bibliográfica y actualización del tema.
Se incluyó a todos los niños de 0-13 años (ambos inclusive) que acudieron al Servicio de Urgencias Pediátricas de un hospital terciario, en el periodo comprendido entre el 1 de enero de 2015 y el 31 de mayo de 2024, diagnosticados de PFPA por un pediatra en el momento de la evaluación, independientemente de su tiempo de evolución, lateralidad o existencia de recurrencias. La imposibilidad de garantizar el seguimiento clínico no fue motivo de exclusión para la inclusión inicial de los pacientes en el estudio.
Se excluyeron del estudio los casos con historia clínica incompleta, las patologías que pudieran interferir en la valoración clínica y aquellos pacientes sin confirmación diagnóstica.
Los datos fueron extraídos retrospectivamente del sistema de historia clínica digital “JIMENA versión 3” mediante búsqueda de la codificación diagnóstica de “parálisis facial periférica” en los episodios de urgencias y analizados estadísticamente con el programa IBM SPSS Statistics para Windows.
Se recolectaron datos sobre la epidemiología, etiología, clínica, diagnóstico, tratamiento y resolución de cada caso. En el momento de realizar el estudio, se intentó contactar telefónicamente con los padres o tutores de los pacientes para conocer su evolución clínica posterior tras su paso por la urgencia. Los padres recibieron información verbal sobre el proyecto.
Para la evaluación de la afectación, se emplearon dos escalas (disponibles en anexos); en la totalidad de los pacientes, la escala de House-Brackmann(3), escala de graduación de la función facial que clasifica en seis grados (I-VI), siendo I una función normal y VI una parálisis total, y de forma complementaria, en algunos casos se usó además la escala de clasificación facial de Sunnybrook(4), escala numérica de 0 a 100 subdividida en diversos apartados (movimiento, bienestar, oral, ojo, lagrimal y social), donde 100 se considera la normalidad.
Según el protocolo propio de PFPA de las Urgencias Pediátricas del centro de estudio, elaborado en 2018 conjuntamente con el servicio de otorrinolaringología, los pacientes son inicialmente derivados al servicio de otorrinolaringología desde Urgencias Pediátricas, siendo esta unidad la responsable de la posterior derivación a neuropediatría, si se considera necesario.
Además, se realizó una búsqueda estructurada de artículos relacionados con la parálisis facial infantil en PubMed y Cochrane.
El presente estudio cuenta con la aprobación del comité de ética de nuestro hospital.
Resultados
Se incluyeron 38 niños con diagnóstico de PFPA con una edad media al diagnóstico de 8,6 años, de los cuales 23 (60,5%) fueron niñas. En el 55,2% de los casos, la afectación fue del lado derecho. La etiología fue desconocida en la mayoría de los casos (24 niños; 63,15%). En el resto de los pacientes, la parálisis facial se asoció a cuadros catarrales (8; 21%), otitis media aguda (6; 15,8%), traumatismo craneal leve (1; 2,6%), síndrome de Ramsay Hunt (1; 2,6%) y síndrome de Melkersson-Rosenthal (1; 2,6%), observándose en varios pacientes la coexistencia de procesos infecciosos respiratorios u otológicos en el momento del diagnóstico. La frecuencia de casos fue mayor en verano (32,4%) y otoño (31,6%), seguidas de invierno (18,4%) y primavera (15,8%). Los signos y síntomas clínicos relacionados con la PFPA se reflejan en la Tabla 1. 19 casos (50%) correspondieron a un grado III en la escala de House-Brackmann, 7 a un grado II (18,4%) y 6 a un grado IV (15,8%), en los 6 casos restantes, la gravedad se clasificó de manera intermedia, asignándose grados combinados (por ejemplo, II–III) cuando la afectación no se ajustaba claramente a una única categoría. El único caso con recurrencias posteriores a la resolución del cuadro correspondió a un síndrome de Melkersson-Rosenthal. Únicamente 4 de los 38 casos (10,5%) requirieron pruebas complementarias. En tres niños (7,9%) se realizó analítica sanguínea: uno por otitis media aguda con otalgia intensa y falta de mejoría tras 48 horas de antibióticos, otro por sospecha de síndrome de Melkersson-Rosenthal y un tercero por estar en tratamiento con ácido valproico, con el fin de descartar toxicidad farmacológica. Otros tres pacientes (7,9%) precisaron una tomografía axial computarizada, dos de ellos correspondientes a pacientes ya mencionados con otitis media aguda sin mejoría y síndrome de Melkersson-Rosenthal, y el otro por traumatismo craneal el día previo. Finalmente, un niño (2,6%) requirió punción lumbar, en el contexto del síndrome de Melkersson-Rosenthal.

Todos los pacientes (100%) recibieron tratamiento con corticoides tras su valoración en urgencias; la mayoría de ellos (58%) recibió tratamiento con prednisona, y el resto, prednisolona. La mediana de duración del tratamiento fue de 10,2 días. 24 (63,15%) a dosis de 2 mg/kg/día con pauta descendente, 9 (23,7%) a 1 mg/kg/día y 5 (13,15%) a 3 mg/kg/día; la variación de dosis se debe a que en 2018 se introdujo un protocolo de actuación de parálisis facial en el que se estableció una dosis de 2 mg/kg/día. Además, dos pacientes (5,3%) —correspondientes a un caso de síndrome de Ramsay Hunt y otro de síndrome de Melkersson-Rosenthal— requirieron tratamiento antiviral con aciclovir, y otros 2 (5,3%) tratamientos antibióticos, indicado en dos casos de otitis con otalgia intensa. 27 pacientes (71%) se derivaron a otras especialidades, principalmente a Otorrinolaringología (96,3%) por protocolo de nuestro hospital y un caso (2,6%) a Oftalmología. Se consiguieron datos de la evolución clínica por entrevista telefónica en 26 pacientes (68,4%): 7 (26,9%) recuperaron la funcionalidad total en la primera semana tras su visita a urgencias, 6 pacientes (23,1%) en la segunda semana, 3 pacientes (11,5%) a las tres semanas y 6 pacientes (23,1%) requirieron cuatro semanas para recuperarse. 4 niños (15,4%) no lograron la curación completa; de estos, dos correspondían a un grado III de la escala de House-Brackmann y los otros dos a un grado IV, presentando secuelas tras el tratamiento, la mayoría (75%) una leve asimetría bucal al movimiento. Aunque de estos 4, solo 2 (50%) recibieron tratamiento rehabilitador. De los pacientes estudiados, únicamente 2 (5,3%) precisaron ingreso hospitalario; uno de ellos fue diagnosticado con síndrome de Melkersson-Rosenthal, mientras que el otro caso correspondió a una otitis media supurada que precisó antibioterapia intravenosa. En la Figura 1 se presenta la distribución anual de casos de 2015 a 2023, sin apreciarse un efecto de la pandemia por SARS-CoV-2.

Discusión
La PFPA constituye un motivo habitual de consulta en Urgencias y puede repercutir en la esfera social y emocional del niño. Aunque en la mayoría de los casos no se identifica una causa concreta(5), también puede originarse por procesos infecciosos, traumatismos, neoplasias o alteraciones inmunitarias.
En nuestra serie de casos, al igual que en la literatura, la idiopática fue la causa más frecuente, seguida de las causas infecciosas(6), principalmente infecciones respiratorias y otitis media aguda.
En dos pacientes tuvimos dos síndromes característicos. El primero cumplía con los criterios diagnósticos del síndrome de Ramsay Hunt(7), una condición relacionada con el virus varicela zóster caracterizada por una tríada clínica específica (parálisis facial, otalgia y vesículas en pabellón auditivo). El segundo caso presentó un cuadro más complejo con parálisis facial recurrente, edema orofacial y manifestaciones neurológicas (cefalea intensa y alteración de la sensibilidad de las extremidades inferiores), lo que llevó a sospechar una patología central. Sin embargo, los estudios de neuroimagen y el líquido cefalorraquídeo descartaron esta posibilidad y el diagnóstico de sospecha fue un síndrome de Melkersson-Rosenthal(8), siendo este el único caso de parálisis facial recurrente.
Aunque en la mayoría de los casos el diagnóstico de parálisis facial idiopática puede establecerse clínicamente mediante una anamnesis detallada, en ocasiones —como ocurrió en nuestra serie— es necesario realizar pruebas complementarias para descartar formas secundarias asociadas a procesos potencialmente graves y tratables(9).
La prueba de imagen de elección es la resonancia magnética (RM) con o sin contraste, indicada cuando existen hallazgos atípicos (bilateralidad, fluctuación, progresión de los síntomas más allá de las primeras 72 horas tras el inicio o parálisis facial recurrente)(10), signos neurológicos adicionales, evolución progresiva, si se sospechan causas secundarias como tumores(11) o cuando el cuadro no presenta resolución clínica tras un periodo de 3 a 6 meses(12). La TAC está indicada en presencia de antecedentes de traumatismo craneofacial, sospecha de fractura del hueso temporal o en niños con parálisis facial asociada a otitis media cuando hay deterioro clínico, falta de mejoría tras 48 horas de tratamiento antibiótico adecuado o exista sospecha de complicaciones como mastoiditis, extensión intracraneal, absceso subperióstico…(13).
Las indicaciones para solicitar análisis de laboratorio incluyen presencia de síntomas sistémicos, sospecha de causas sistémicas, si el paciente es menor de 6 meses o presenta un curso atípico como parálisis facial bilateral, recaídas o cuando existen otros déficits neurológicos asociados(14). Además, en áreas endémicas o con antecedentes de exposición, se debe solicitar serología para Borrelia (enfermedad de Lyme), especialmente si existen síntomas sistémicos o antecedentes epidemiológicos compatibles.
Los resultados obtenidos no indican una asociación clara entre la parálisis facial y la exposición al frío estacional. Un estudio multicéntrico(15) señala que el riesgo de parálisis facial aguda se relaciona principalmente con cambios atmosféricos bruscos, especialmente variaciones en la presión barométrica y en la temperatura, más que con la estacionalidad. En consecuencia, el riesgo parece depender de estas fluctuaciones climáticas independientemente de la estación del año. En nuestra serie tampoco se observó una preferencia estacional, con un predominio de casos en primavera y verano.
Los datos de nuestra serie coinciden con lo descrito en la literatura respecto a los grados de parálisis facial más frecuentes, entre ellos el estudio realizado en 2021 a 96 pacientes(16), que también identifica los grados 2 y 3 de House-Brackmann como los más habituales.
En cuanto a la evolución de la parálisis facial, diversos estudios han señalado que el tratamiento con corticoesteroides en fases iniciales puede acortar el tiempo de curación en pacientes mayores de 16 años tratados dentro de las primeras 72 horas(17), y múltiples ensayos controlados aleatorizados y metaanálisis han respaldado su eficacia en la mejora de las tasas de recuperación completa. No obstante, un reciente ensayo aleatorizado realizado en menores de 18 años no encontró diferencias entre corticosteroides orales y placebo en las tasas de recuperación a los 3 meses, 6 meses y 1 año, sin registrarse efectos adversos graves(10). En este contexto, persiste el debate sobre la indicación universal de corticoesteroides en la edad pediátrica, dado que algunos estudios señalan que hasta el 90% de los niños menores de 14 años presentan una recuperación espontánea completa(10).
En nuestra serie, 32 pacientes (84,2%) presentaron una recuperación completa de la función facial al mes de iniciado el tratamiento con corticosteroides, un resultado que concuerda con los datos previamente descritos en la literatura(10,18). No obstante, conviene considerar que existen indicadores clínicos de mal pronóstico para una recuperación espontánea completa, entre los que destacan la afectación bilateral y la presencia de síntomas más graves, según las evaluaciones de Sunnybrook o House-Brackmann(10). En nuestra serie, las secuelas se observaron en cuatro pacientes: dos con afectación de grado III y dos con grado IV, coincidiendo con los hallazgos descritos previamente.
A pesar de que la mayoría de los pacientes con PFPA se recuperan completamente, pueden ocurrir secuelas a largo plazo. En nuestra muestra, 4 (15,4%) presentaron secuelas. De entre estos, 3 (75%) tardaron más de 72 horas en comenzar el tratamiento, lo que sugiere que el uso temprano de corticosteroides en ciertos casos podría prevenir el desarrollo de futuras secuelas. Un metaanálisis mostró que el uso temprano de corticoesteroides disminuye significativamente la proporción de pacientes con recuperación incompleta de la función motora del nervio facial a los 6 meses o más y la incidencia de sincinesias motoras durante el seguimiento(19).
Por otro lado, solo 2 de los 4 pacientes iniciaron rehabilitación fisioterapéutica, mostrando una notable mejoría a las pocas semanas, lo que coincide con la evidencia reciente que sugiere que la fisioterapia puede favorecer la recuperación funcional en la parálisis facial periférica, evaluada mediante herramientas como la escala de Sunnybrook. Aunque las revisiones disponibles —incluida una Cochrane de 2011 y una revisión sistemática posterior basada en ensayos aleatorizados o cuasialeatorizados— aportan únicamente evidencia débil sobre su eficacia para lograr una recuperación completa o una mejoría, estos datos apoyan la recomendación de derivar a fisioterapia a los pacientes que no alcanzan una recuperación total, pese a que aún no existan indicaciones precisas sobre el momento óptimo de derivación ni sobre el régimen terapéutico más adecuado(10).
Finalmente, y tras ser sugerida en diferentes artículos la posible causalidad entre el covid-19 y las parálisis faciales(20), analizamos nuestra muestra sin apreciar un incremento significativo de casos durante y tras la pandemia, con una media de 4,16 casos anuales prepandemia y 4,25 casos postpandemia.
Conclusiones
Presentamos una serie de casos consecutivos con PFPA en la infancia, sin apreciarse un incremento significativo durante y tras la pandemia por SARS-CoV-2. La mayoría fueron de causa desconocida, sin un patrón estacional definido, y tuvieron una recuperación completa tras el tratamiento inicial con corticoides. La fisioterapia resultó beneficiosa para los pacientes que la realizaron, por una recuperación incompleta.
Financiación
No se recibió financiación para la investigación, autoría y/o publicación de este artículo.
Contribución de autoría
Marta Vega Bayón: conceptualización, metodología, recopilación de datos, análisis formal y redacción del artículo.
Patricia Justo Vaquero: supervisión, revisión y edición.
José Manuel Marugán de Miguelsanz: revisión y edición.
Jorge Carranza Ferrer: revisión y edición.
María de Felipe Pérez: revisión y edición.
Todos los autores revisaron críticamente el manuscrito, aprobaron la versión final y se responsabilizan de su contenido.
Conflictos de interés
Los autores declaran que no hay ningún conflicto de interés comercial o financiero para esta investigación.
Uso de herramientas de inteligencia artificial
Los autores declaran que no se ha utilizado ninguna herramienta de inteligencia artificial (como ChatGPT, Copilot, Gemini, u otras) en la redacción, análisis o revisión de este artículo.
Referencias
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