Artículo de revisión
Vol. 5 Núm. 1
21 min
Controversias del alto flujo
High-flow therapy controversies
Sandra Bustamante-Hernández1*, Alberto Medina-Villanueva2
1 Grupo de Trabajo de Patología Respiratoria de la Sociedad de Urgencias de Pediatría. Hospital General de Granollers, Granollers, Barcelona, España. 2Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), Oviedo, España
Correspondencia:
Recepción:
18/09/2025
Aceptación:
22/09/2025
Publicación:
10/03/2026
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Resumen (ES)
Siempre resulta difícil saber cuál es la mejor decisión. Esta frase la podemos aplicar a nuestra vida en general, pero resulta trascendente en nuestro ámbito profesional. Sería interesante saber cómo tomamos una decisión médica, y aún más importante saber lo que esperan nuestros pacientes (y padres) de nosotros cuando tomamos una decisión.
En el momento actual se habla mucho de “individualizar” tratamientos y métodos diagnósticos. Pero, ¿sabemos lo que significa “individualizar”? ¿Es algo nuevo o ya lo hacía Hipócrates o Galeno?
La individualización, si no parte de un conocimiento general, lleva sin ninguna duda a cometer una “falacia por inducción”. Por ello, es importante saber cómo tenemos que tomar una buena decisión tanto diagnóstica como terapéutica.
Palabras clave (ES):
Resumen (EN)
It is always difficult to determine which decision is best. While this statement applies to life in general, it is of paramount importance in our professional sphere. It would be interesting to understand how we make medical decisions, and even more importantly, to know what our patients (and parents) expect of us when we make them.
Nowadays, there is much discussion about ‘individualizing’ treatments and diagnostic methods. But do we truly know what ‘individualizing’ means? Is it a novel concept, or was it already practiced by Hippocrates or Galen?
Individualization, if not based on general knowledge, undoubtedly leads to committing an ‘inductive fallacy.’ Therefore, it is crucial to understand how to make sound decisions, both diagnostic and therapeutic.
Palabras clave (EN):
Introducción
La oxigenoterapia de alto flujo (OAF) es una modalidad de soporte respiratorio no invasivo que consiste en la administración de un flujo alto de oxígeno, solo o mezclado con aire, por encima del flujo pico inspiratorio del paciente, el cual se administra calentado y humidificado a través de una cánula nasal, favoreciendo su tolerancia. En cuanto a su mecanismo de acción, proporciona un flujo adecuado a la demanda inspiratoria del paciente con una fracción inspirada de oxígeno. Esta fracción no es constante ni predecible. Acondiciona el gas inspirado a la temperatura corporal y con una humedad relativa del 100%. Lava el espacio muerto nasofaríngeo y, en menor medida, genera una presión positiva continua en la vía aérea. Sin embargo, este último mecanismo está siendo puesto en duda por su baja capacidad de presurización e irregularidad en el mantenimiento de dicha presión.(1,2)
El uso de la OAF en pediatría comenzó a ganar relevancia en la década de 2000. Sin embargo, fue a partir del año 2007 cuando se empezaron a publicar varios estudios y ensayos clínicos con resultados favorecedores, describiendo los beneficios en el tratamiento de la insuficiencia respiratoria aguda en cuanto a la mejoría de la oxigenación y la reducción de la necesidad de intubación en comparación con la oxigenoterapia estándar. Además, la percepción de mayor tolerancia y facilidad de manejo en relación con otras modalidades favoreció su rápida expansión en el ámbito pediátrico, consolidándose como una herramienta terapéutica estándar en muchos hospitales, inicialmente en cuidados intensivos y posteriormente en urgencias y hospitalización.
Pese a la variabilidad entre los resultados y entre diferentes ensayos clínicos aleatorizados (ECA) y revisiones sistemáticas publicadas hasta el momento, y aunque las indicaciones de la OAF no estén completamente estandarizadas, esta terapia se aplica en multitud de situaciones clínicas (Tabla 1), siendo la bronquiolitis aguda (BA) la indicación más conocida.

Además de esta variabilidad, recientemente se ha evaluado la evidencia económica sobre el coste-efectividad de esta terapia en el tratamiento de dificultades respiratorias en la población pediátrica. El informe, recogido del Ministerio de Sanidad español(3), ha concluido que la evidencia analizada hasta la fecha parece indicar que la aplicación rutinaria inicial de una terapia de oxígeno mediante OAF como terapia de primera línea frente a oxigenoterapia de bajo flujo (OBF) o presión positiva continua en las vías respiratorias (CPAP) no es costeefectiva para el tratamiento de lactantes con BA y lactantes prematuros que requieran asistencia respiratoria. Esta afirmación sobre la no rentabilidad de la OAF en comparación con el OBF también se concluyó tanto en el estudio de Gc et al.(4) como en el de Gannon et al.(5), en los que se evaluó la relación costo-efectividad de estos métodos de soporte en niños con BA y con insuficiencia respiratoria hipoxémica aguda, respectivamente.
En esta revisión analizaremos los ECAs y las revisiones sistemáticas publicadas en los últimos años sobre la OAF con el objetivo de trasladar esta literatura al ámbito clínico.
Evidencia Actual
Bronquiolitis
El primer ECA del mundo en el ámbito de la BA se realizó en España en 2014 y desde entonces se han publicado 27 ECAs. Entre los más recientes, varios estudios han demostrado beneficios de la OAF en la BA, como la reducción de la frecuencia cardiorrespiratoria y la menor tasa de fracaso del tratamiento en comparación con la OBF (Eski 2022)(6), con el CPAP de burbuja (Maya 2024)(7) o con la presión positiva de vía aérea de dos niveles (BiPAP) (Santos 2024)(8). En cuanto a los ensayos en contra de esta terapia, algunos afirman que la OAF puede ser inferior a la CPAP en algunos escenarios, como en el destete de la ventilación mecánica (VM) invasiva en lactantes hipoxémicos (Ramnarayan P 2022)(9), que tiene una mayor tasa de fracaso de tratamiento (Borgi 2021)(10), y otros afirman que no encuentran diferencias en comparación con la OBF (O’Brien 2022)(11).
En el ECA de Eski et al.(6), publicado en Pediatric Pulmonology, se evaluó la eficacia de la OAF en comparación con la OBF en lactantes de 1 a 24 meses con BA moderada-severa. Se incluyeron 87 pacientes, asignados aleatoriamente a recibir OBF (n = 48) y OAF (n = 39). Los resultados mostraron que el grupo OAF experimentó una mejora más rápida en la frecuencia cardíaca y respiratoria, así como en la puntuación clínica de gravedad, en comparación con el grupo de OBF. Además, la duración de la necesidad de oxígeno y la tasa de fracaso del tratamiento fueron menores en el grupo de OAF.
En el estudio de Maya et al.(7), publicado en Pediatric Critical Care Medicine, se incluyeron 118 lactantes entre 1 y 23 meses que acudieron a urgencias de un centro de tercer nivel en la India con una BA moderada-grave. Se aleatorizaron 59 en el grupo OAF y 59 en el grupo CPAP de burbuja (b-CPAP) y la OAF se asoció con una menor tasa de fracaso del tratamiento y menor riesgo de escalamiento a VM invasiva en comparación con b-CPAP para la asistencia respiratoria precoz, contradiciendo algunos ensayos previos que favorecen la CPAP sobre la OAF. Sin embargo, tras realizarse un análisis bayesiano —que integra la probabilidad previa con los datos observados para obtener una probabilidad posterior— se evidenció una incertidumbre estadística relevante. Este análisis arrojó una probabilidad del 0,88 de que la b-CPAP fuese superior a la OAF. Esta cifra sugiere que, si bien los resultados observados favorecen a la OAF en términos de menor fracaso y necesidad de VM invasiva, persiste una duda razonable sobre su superioridad frente a la b-CPAP. En consecuencia, los resultados de este estudio deben interpretarse con cautela, y se requiere mayor investigación para confirmar la eficacia relativa de la OAF y la b-CPAP en esta población pediátrica.
El de Santos(8) es el más reciente de los posicionados a favor, publicado en BMC Pediatrics. Se aleatorizaron 252 menores de 2 años de un hospital terciario de Brasil de tercer nivel con BA leve-moderada, 126 en un grupo de BiPAP y 126 en el grupo de OAF. El objetivo principal fue evaluar la no inferioridad de la OAF en comparación con la BiPAP en relación con la necesidad de ventilación mecánica (VM) invasiva. Los resultados mostraron que la OAF no fue inferior a la BiPAP respecto a la necesidad de VMI, y además se asoció con un menor requerimiento de sedación y una estancia hospitalaria más corta.
Respecto a los ECAs que han concluido en contra de la OAF en pacientes con BA, encontramos el ensayo británico liderado por Ramnarayan P(9), publicado en JAMA. Se realizaron dos ECA en una UCIP, incluyendo a lactantes sometidos a soporte ventilatorio no invasivo. En el primer ECA, el FirstABC “Step down”, se evaluó la eficacia de la OAF frente a CPAP en el proceso de destete de la VM invasiva en lactantes hipoxémicos. La OAF no alcanzó el límite predefinido de “no inferioridad”, concluyendo que CPAP es superior a OAF en el proceso de destete de la VM invasiva en lactantes hipoxémicos. En el segundo, First ABC “Step up”, se comparó OAF con CPAP en la prevención de la necesidad de VM invasiva en lactantes hipoxémicos. Aunque la diferencia favoreció a CPAP, se concluyó que no había evidencia de inferioridad de OAF en comparación con CPAP para prevenir la VM invasiva. Tras el análisis bayesiano realizado, los dos ensayos “First ABC” indican que la OAF no es mejor que la CPAP como soporte inicial y es peor que la CPAP para evitar la reintubación.
El ECA de Borgi(10), publicado en Pan Afr Med J, se llevó a cabo en la UCIP de un hospital pediátrico de tercer nivel durante 3 años y se comparó la CPAP y la OAF en niños con edades comprendidas entre los 7 días y los 6 meses ingresados por BA grave. Se incluyeron 255 pacientes y fueron asignados 130 en el grupo OAF y 125 en el grupo CPAP. Se concluyó que el éxito del tratamiento fue significativamente mejor en el grupo CPAP en comparación con el grupo OAF. Además, si fallaba la OAF, el cambio a CPAP evitó la intubación en el 54% de los casos.
Por último, en el de O’Brien(11), publicado en J Paediatr Child Health, se recopilaron datos de lactantes con BA de 26 hospitales de Australia y Nueva Zelanda entre el 2014 y el 2017 y se incluyeron 3392 lactantes, 1817 en el grupo OAF y 1575 en el grupo OBF. Entre los resultados, afirmaron que la proporción de lactantes que recibieron OAF durante las cuatro temporadas aumentó significativamente y que los que recibieron OAF no mostraron diferencias sustanciales en comparación con la OBF. Sin embargo, el uso de OAF se asoció con un aumento en la duración de la estancia hospitalaria y en los ingresos en la UCIP.
En relación con los 10 metanálisis publicados hasta la fecha que comparan la OAF con la OBF y/o la CPAP (Tabla 2), puede concluirse, a modo de resumen, que la OAF representa una alternativa segura y con ciertos beneficios en comparación con la OBF. No obstante, no ha demostrado una clara superioridad consistente frente a la CPAP, la cual continúa siendo la mejor alternativa en casos de BA moderada a grave. Cabe destacar la considerable heterogeneidad entre los estudios incluidos en estos metanálisis, lo que se refleja en la variabilidad de los resultados en cuanto a la eficacia y consistencia de la evidencia disponible sobre la OAF. Por tanto, es necesaria la realización de ensayos clínicos más robustos, con metodologías homogéneas y desenlaces clínicos relevantes, que permitan definir con mayor claridad el papel de la OAF en el manejo de las enfermedades respiratorias, especialmente en el contexto de la BA.

Asma
En el estatus asmático hay escasa evidencia, y esta proviene principalmente de estudios observacionales y retrospectivos. En el uso de la OAF en pacientes asmáticos destacan dos ECA en los que se compara el uso de OAF con OBF, uno concluyendo a favor por la reducción de la dificultad respiratoria exclusivamente en el grupo OAF (Ballesteros 2018)(22) y otro que no encuentra diferencias significativas respecto a la OBF (Gauto 2019)(23).
En el primer ECA, de Ballestero et al.(22), publicado en el 2018 en J. Pediatr, se incluyeron 62 niños entre 1-14 años con asma moderada-grave que acudieron a un servicio de urgencias pediátrico de tercer nivel, 30 aleatorizados en el grupo OAF y 32 en el grupo OBF. Afirmaron que la OAF fue capaz de reducir la dificultad respiratoria dentro de las primeras 2 horas de tratamiento en niños con exacerbación de un asma refractaria moderado-grave usada como tratamiento de primera línea exclusivamente en el grupo OAF, cuestión muy problemática desde el punto de vista metodológico, ya que invalida la aleatorización. El ECA se monta para demostrar diferencias entre OAF y el grupo control (OBF). Esa es la respuesta “causal”, sin factores de confusión, porque es el tratamiento aleatorizado. No existieron diferencias entre los dos grupos referidas al score en ninguno de los momentos recogidos. Sin embargo, no pudieron demostrar que la OAF era superior a la OBF en reducir los ingresos en UCIP. Metodológicamente, el uso del ANOVA de dos vías o ANCOVA podría proporcionar una evaluación más precisa de las diferencias entre los grupos de tratamiento, controlando las variables de confusión y mejorando la validez causal de los resultados.
El segundo publicado hasta la fecha es de Gauto Benitez et al.(23), en la Revista Chilena de Pediatría. En este se aleatorizaron 65 niños mayores de 2 años con crisis asmáticas moderadas-severas que no respondieron al tratamiento inicial, 32 en el grupo OAF y 33 en OBF. Contrariamente al ensayo anterior, el estudio concluyó que la introducción de la OAF en el tratamiento de pacientes con crisis asmática en el servicio de urgencias pediátricas no mostró beneficios significativos en la mejoría clínica ni en el tiempo de duración de la estancia en comparación con la OBF. Además, no se observaron diferencias en la necesidad de escalamiento a VM invasiva entre los dos grupos.
Esta contradicción entre los ECAs publicados en el paciente asmático sugiere la necesidad de más estudios que evalúen la eficacia relativa de la OAF en esta población.
Insuficiencia respiratoria hipoxémica: neumonía y síndrome de distrés respiratorio agudo
Los estudios sobre OAF en insuficiencia respiratoria hipoxémica también han mostrado resultados diversos.
El estudio PARIS-2(24), publicado en JAMA en 2023, fue un ECA que evaluó la eficacia de la OAF en comparación con la OBF en niños entre 1 y 4 años con insuficiencia respiratoria hipoxémica aguda. Se incluyeron 1567 pacientes hospitalizados en 14 hospitales de Australia y Nueva Zelanda, asignados aleatoriamente a recibir OAF (n = 753) u OBJ (n = 764). Los resultados mostraron que el grupo que recibió OAF tuvo una estancia hospitalaria más prolongada y una mayor tasa de ingresos en UCIP en comparación con el grupo OBF.
El estudio de Kopp et al.(25), publicado en 2021 en la revista Critical Care Medicine, evaluó el impacto del uso de ventilación no invasiva (VNI) antes de la intubación en niños con síndrome de dificultad respiratoria aguda pediátrica (SDRAp). Se incluyeron 2427 niños, de los cuales 995 recibieron VNI antes de la intubación y 1432 no recibieron VNI. Los resultados mostraron que el uso de VNI antes de la intubación en pacientes con SDRAp grave se asoció con una mayor duración de VM, estancias más prolongadas en la UCIP y en el hospital, así como un aumento en la mortalidad, especialmente en aquellos que recibieron VNI por más de 24 horas antes de la intubación. Sin embargo, una limitación importante del estudio fue que la VNI se definió como BiPAP, CPAP y OAF, sin diferenciar entre estos tipos de soporte respiratorio no invasivo. Es crucial, por lo tanto, para evitar peores resultados clínicos en niños con SDRAp, no prolongar el uso de VNI más allá de 1-2 horas si los parámetros de oxigenación no mejoran significativamente, es decir, si no se mantiene una relación PaO2/FiO2 (PF) por encima de 175 o la relación SpO2/FiO2 (SF) por encima de 200.
El ECA de Chisti et al.(26), publicado en The Lancet en 2015, comparó la efectividad de diferentes modalidades de soporte respiratorio en menores de 5 años con neumonía severa e hipoxemia en Bangladesh. Se incluyeron 225 niños, asignando al azar 79 al grupo de b-CPAP, 67 al grupo OBF y 79 al grupo OAF. Los resultados indicaron que tanto el fracaso del tratamiento como la mortalidad fueron significativamente menores en el grupo de b-CPAP en comparación con OBF y OAF. Debido a la clara superioridad de b-CPAP, el estudio fue interrumpido prematuramente. No obstante, no se pudieron obtener conclusiones independientes sobre la eficacia de OAF debido a la falta de diferenciación en los resultados. Por esta razón, posteriormente Modesto et al. llevaron a cabo un análisis bayesiano que mostró beneficios claros de CPAP en comparación con OAF y OBF, especialmente en términos de reducción del fracaso del tratamiento y la mortalidad, con una probabilidad del 98% de mayor mortalidad con OAF en comparación con CPAP.
El estudio RECOVERY-RS(27) evaluó la eficacia de diferentes modalidades de soporte respiratorio en pacientes con insuficiencia respiratoria hipoxémica debido a COVID-19. Este ECA se llevó a cabo en 48 hospitales en el Reino Unido y Jersey, incluyendo a 1273 pacientes asignados a recibir CPAP (n = 380), OAF (n = 418) u OBF (n = 475). Los resultados mostraron que la necesidad de intubación traqueal o la mortalidad dentro de los 30 días fue significativamente menor con CPAP en comparación con OBF. Sin embargo, no hubo una diferencia significativa entre OAF y OBF. Un análisis bayesiano adicional indicó una probabilidad del 98,8% de que la CPAP fuera superior a la en reducir la necesidad de intubación o la mortalidad en estos pacientes.
Conclusiones
En el contexto de la BA, la terapia con OAF ha demostrado beneficios frente a la OBF, como la reducción en la duración de la oxigenoterapia, de la estancia hospitalaria y la necesidad de escalamiento terapéutico. Sin embargo, los análisis de coste-efectividad sugieren que la OAF no es la estrategia óptima como tratamiento de primera línea, lo que subraya la importancia de una cuidadosa selección de los pacientes para evitar su sobreutilización. Su uso debería limitarse a lactantes con hipoxemia en quienes ha fallado la terapia con oxigenoterapia convencional. Además, una vez instaurada, es fundamental realizar una evaluación estrecha de la respuesta al tratamiento, ya que el retraso en la transición a modalidades de soporte superiores puede aumentar la morbimortalidad.
En el manejo del estatus asmático, la evidencia sobre el uso del OAF es limitada y contradictoria. Aunque algunos ensayos han sugerido que la OAF puede ofrecer beneficios a corto plazo en términos de mejora en los síntomas respiratorios, no se ha demostrado un impacto significativo en la reducción de ingresos en la UCIP ni en la duración de la hospitalización. Esto hace que no cumpla los criterios de “indicación de la OMS” (ser eficaz y eficiente) en esta patología.
En pacientes pediátricos con insuficiencia respiratoria hipoxémica, la OAF se ha consolidado como una modalidad de soporte respiratorio no invasivo ampliamente utilizada, pues su perfil de seguridad ha favorecido su empleo inicial en determinados casos. No obstante, en escenarios más graves, como el síndrome de distrés respiratorio agudo pediátrico (SDRAp) o la neumonía hipoxémica severa o la insuficiencia respiratoria por COVID-19, la evidencia indica una mayor eficacia de la CPAP sobre la OAF en términos de reducción de fracaso terapéutico y mortalidad. Además, el uso prolongado de OAF sin respuesta adecuada puede retrasar la intubación y empeorar los desenlaces clínicos, aumentando la morbi-mortalidad en estos pacientes. Por tanto, la OAF debe aplicarse de forma cuidadosa, con monitorización estrecha y criterios claros de escalamiento.
En conclusión, la OAF es una modalidad de soporte respiratorio segura con beneficios en determinados contextos clínicos. No obstante, su eficacia varía según la patología y el perfil del paciente. La evidencia comparativa entre OAF y CPAP sigue siendo limitada y no concluyente, lo que resalta la necesidad de estudios adicionales que permitan establecer la superioridad de una modalidad sobre la otra, así como protocolos que comparen su eficacia y coste. En escenarios de insuficiencia respiratoria grave, no debe retrasarse el inicio de otros soportes no invasivos como son la CPAP o la BiPAP, dada su mayor efectividad en la prevención de intubación y la reducción de la morbimortalidad.
En definitiva, para tomar una buena decisión terapéutica es imprescindible basarse en la eficacia, efectividad y eficiencia de cada tratamiento. Si bien es necesario individualizar el tratamiento según las características de cada paciente, no debemos olvidar —como dijo Richard Feynman— que “la prueba de todo conocimiento es la experimentación. La experimentación es el único juez de la verdad científica”.
Financiamiento
Esta investigación no recibió ninguna subvención específica de agencias de financiamiento de los sectores públicos, comercial o sin fines de lucro.
Contribución de los autores
Todos los autores han contribuido equitativamente en la concepción, elaboración y revisión de este manuscrito.
Todos los autores han leído y aceptado la versión final del manuscrito.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no tener conflicto de interés.
Uso de IA
Los autores declaran que no se utilizaron herramientas de inteligencia artificial en ninguna fase de la elaboración del manuscrito.
Referencias
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