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La salud mental en los Servicios de Urgencias Pediátricos
Recepción:
14/04/2025
Aceptación:
14/04/2025
Publicación:
29/04/2025
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El incremento del malestar psicológico entre niños y adolescentes ha sido una constante en los últimos años, traduciéndose en un aumento del número de diagnósticos de trastornos mentales en la población infantojuvenil. Esta situación ha provocado un incremento de las consultas en los centros de salud mental y en Atención Primaria, así como un notable aumento de las urgencias psiquiátricas y de la demanda de hospitalización en adolescentes. En este contexto, puede afirmarse que nos enfrentamos a una auténtica crisis global de salud mental.
En España se ha observado un deterioro significativo de la salud mental de niños y adolescentes de forma especialmente acusada desde el inicio de la pandemia por COVID-19¹. Estudios realizados por diversas organizaciones no gubernamentales, como UNICEF, Fundación ANAR o Save the Children, han alertado sobre el impacto de la pandemia. En 2021, Save the Children elaboró un informe en el que comparaba los datos oficiales de la Encuesta Nacional de Salud de 2017, con los datos recogidos de una encuesta telefónica realizada a padres en 2021, donde se reflejaba que los trastornos de ansiedad y depresivos prácticamente se habían cuadruplicado (del 1,1 % al 4 % de los encuestados), y que el de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y otros trastornos de conducta se habían triplicado (del 2,5 % al 7 %)².
Asimismo, se ha observado un incremento en la prevalencia de sintomatología psicosomática y un descenso en la edad media de inicio de los síntomas, tanto en las conductas autolesivas e intentos de suicidio³, como en los trastornos de conducta alimentaria; siendo estos últimos no solo más frecuentes, sino también más graves que en el periodo prepandémico⁴.
Sin embargo, conviene señalar que esta tendencia ya se venía observando desde años anteriores, especialmente a partir de 2017, tanto en el ámbito nacional como en el europeo.
A nivel nacional, la Encuesta Nacional de Salud (ENSE)⁵ realizada en 2017 estimaba que el 13,2 % de los niños entre 4 y 14 años presentan riesgo de mala salud mental, siendo la prevalencia del 15,6 % en varones y del 10,5 % en mujeres. Por su parte, el Barómetro de Juventud, Salud y Bienestar de 2023⁶ señaló que el 15,6 % de los adolescentes entre 15 y 19 años manifestó haber experimentado con frecuencia problemas de salud mental, con una distribución desigual entre sexos (20,7 % en mujeres frente a 13,3 % en hombres). En cuanto a los diagnósticos más habituales, en la franja de 4 a 14 años predominaban los trastornos de conducta y de hiperactividad, los trastornos de ansiedad, la depresión y los trastornos del espectro autista (TEA). En mayores de 15 años, destacaron los diagnósticos de ansiedad, trastornos depresivos y otros problemas de salud mental⁷.
Otro aspecto importante a destacar es el incremento de suicidios consumados en la etapa infantojuvenil en los últimos años, considerada como la primera causa de muerte no accidental de nuestro país en esta población. Según el Observatorio de Suicidio en España, en 2021 se registraron, por primera vez, 22 defunciones por suicidio en menores de 15 años, y se duplicó la cifra en varones respecto a 2020 (14 frente a 7). Asimismo, en el año 2022, las muertes por suicidio en jóvenes de 15 a 19 años se incrementaron, respecto al 2021, de 53 a 75 casos. En 2023, disminuyeron los suicidios infantiles respecto a los años previos (10 defunciones en menores de 15 años), presentando una tasa de suicidio del 0,15 % y siendo, sorprendentemente y a diferencia de los años previos, más frecuente en mujeres que en hombres (0,22 % frente a 0,09 %). Al contrario ocurría al aumentar la franja de edad, de 15 a 29 años, objetivándose un aumento de la tasa de suicidio de hasta el 4,63 %, siendo más habitual en hombres (6,83 %) que en mujeres (2,63 %)⁸.
A nivel europeo, los datos recogidos en el informe de UNICEF de 2024 reflejan que aproximadamente un 13 % de los menores de 19 años han sufrido algún problema de salud mental, con tasas más elevadas en varones hasta los 14 años, y una mayor afectación en mujeres entre los 14 y 19 años⁹.
Tras los datos presentados, un aspecto clave en el abordaje de los trastornos mentales en urgencias pediátricas es el debate ético y estructural sobre los límites de la atención sanitaria. Tal y como plantea el Grupo de Trabajo de Psiquiatría de la AEPNYA en su reciente reflexión sobre las urgencias en salud mental infantojuvenil¹⁰, muchas de las demandas que llegan a los servicios de urgencias no responden a una urgencia clínica en sentido estricto, sino a un profundo malestar derivado de contextos de vulnerabilidad social no adecuadamente atendidos. Tal y como concluyen los integrantes de dicho Grupo de Trabajo en su publicación, la falta de recursos y coordinación con los servicios sociales y educativos provoca que los dispositivos sanitarios asuman una carga asistencial que excede su finalidad. Este escenario requiere un análisis riguroso y una acción coordinada entre sistemas, que permita establecer respuestas integrales, éticas y sostenibles en el tiempo¹⁰.
En esta línea, en relación a los recursos humanos y estructurales especializados en salud mental en los Servicios de Urgencias Pediátricos, los resultados del estudio preliminar realizado por nuestro grupo, presentado en mayo de 2025 en la XXIX Reunión de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría (SEUP), revelan que en el 92,3 % de los centros participantes la primera atención a menores con patología psiquiátrica la realiza el pediatra, y solo un 38,4 % disponen de espacios específicamente habilitados para ello. Asimismo, en el 61,5 % de los centros, el acceso a la valoración psiquiátrica especializada depende del horario, y el 30,7 % carece de camas para hospitalización de menores con trastorno mental, lo que obliga a su traslado a otros centros. Estos datos reflejan claramente el amplio margen de mejora existente y refuerzan la necesidad de establecer estándares comunes y reforzar la coordinación entre dispositivos asistenciales.
Otro de los retos relevantes en el ámbito de las urgencias pediátricas es la mejora de la atención a los pacientes con TEA. Estos pacientes, particularmente vulnerables a la sobreestimulación sensorial y a las rutinas impredecibles propias del servicio de urgencias, precisan circuitos asistenciales adaptados que favorezcan una atención segura y respetuosa. Actualmente persisten importantes carencias en la formación de los profesionales, en el diseño de los espacios y en la existencia de protocolos clínicos adecuados, lo que pone de relieve la necesidad de implementar medidas estructurales y formativas que garanticen una atención de calidad para esta población¹¹.
Desde el Grupo de Trabajo de Salud Mental de la SEUP se están impulsando diversas iniciativas para conocer la realidad asistencial actual y promover mejoras estructurales y clínicas. Entre ellas, destaca la próxima realización de una encuesta nacional e internacional sobre la atención inicial a los pacientes con TEA en los Servicios de Urgencias Pediátricos, con el objetivo de identificar buenas prácticas, barreras existentes y áreas prioritarias de intervención. Asimismo, se ha iniciado la puesta en marcha de un Observatorio Nacional de Pacientes Pediátricos con Patología Psiquiátrica, cuyo objetivo principal será recoger datos epidemiológicos relevantes, identificar tendencias y orientar futuras estrategias de mejora. La creación de este observatorio representa un paso decisivo hacia una atención más coordinada, basada en la evidencia y adaptada a las características específicas de esta población.
Bibliografía
[ml][ol][li indent=0 align=left]Vázquez López P. La salud mental en los niños y jóvenes: un reto tras la pandemia COVID. Emerg Pediatr. 2022; 1(1): 1-2. Disponible en: https://seup.org/pdf_public/Revista_EP/R1_1_2_22.pdf[/li][li indent=0 align=left]Save the Children. Crecer Saludable(mente). Un análisis sobre la salud mental y el suicidio en la infancia y la adolescencia. 2021. Disponible en: https://www.savethechildren.es/sites/default/files/2021-12/Informe_Crecer_saludablemente_DIC_2021.pdf[/li][li indent=0 align=left]Vázquez López P, Armero Pedreira P, Martínez-Sánchez L, et al. Autolesiones y conducta suicida en niños y adolescentes. An Pediatr. 2023; 98(3): 204-12. Disponible en: https://www.analesdepediatria.org/es-pdf-S1695403322002958[/li][li indent=0 align=left]Murray Hurtado M, Martín Rivada Á, Pestano García S, Ramallo Fariña Y. Influencia de la pandemia por COVID-19 en la incidencia de trastornos de la conducta alimentaria. An Pediatr. 2024; 101(1): 21-8. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.anpedi.2024.04.013[/li][li indent=0 align=left]Ministerio de Sanidad – INE. Encuesta Nacional de Salud (ENSE). Serie de informes monográficos. Salud mental. 2017. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/estadEstudios/estadisticas/encuestaNacional/encuesta2017.htm[/li][li indent=0 align=left]Kuric C, Sanmartín A, Ballesteros JC, Gómez Miguel A. Barómetro de Juventud, Salud y Bienestar 2023. Madrid: Centro Reina Sofía. FAD Juventud; 2023. Disponible en: https://www.consaludmental.org/publicaciones/Barometro-Juventud-Salud-y-bienestar-2023.pdf[/li][li indent=0 align=left]Vázquez Canales L de M, Guitián Domínguez M. La salud mental infanto-juvenil en Atención Primaria. Rev Clin Med Fam. 2024; 17(2): 92-3. Disponible en: https://dx.doi.org/10.55783/rcmf.170202[/li][li indent=0 align=left]Fundación Española para la Prevención del Suicidio. Observatorio del Suicidio en España. Disponible en: https://www.fsme.es/observatorio-del-suicidio/[/li][li indent=0 align=left]UNICEF. The State of Children in the European Union. 2024. Disponible en: https://www.unicef.org/eu/stories/state-children-european-union-2024[/li][li indent=0 align=left]Morer Liñán A. Urgencias en Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia: ¿Dónde está el límite? Rev Psiquiatr Infanto-Juv. 2023; 40(1): 1-3. Disponible en: https://www.aepnya.eu/index.php/revistaaepnya/article/view/1072[/li][li indent=0 align=left]Wood EB, Halverson A, Harrison G, Rosenkranz A. Creating a sensory-friendly pediatric emergency department. J Emerg Nurs. 2019; 45(4): 415-24. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/j.jen.2018.12.002[/li][/ol][/ml]
En España se ha observado un deterioro significativo de la salud mental de niños y adolescentes de forma especialmente acusada desde el inicio de la pandemia por COVID-19¹. Estudios realizados por diversas organizaciones no gubernamentales, como UNICEF, Fundación ANAR o Save the Children, han alertado sobre el impacto de la pandemia. En 2021, Save the Children elaboró un informe en el que comparaba los datos oficiales de la Encuesta Nacional de Salud de 2017, con los datos recogidos de una encuesta telefónica realizada a padres en 2021, donde se reflejaba que los trastornos de ansiedad y depresivos prácticamente se habían cuadruplicado (del 1,1 % al 4 % de los encuestados), y que el de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y otros trastornos de conducta se habían triplicado (del 2,5 % al 7 %)².
Asimismo, se ha observado un incremento en la prevalencia de sintomatología psicosomática y un descenso en la edad media de inicio de los síntomas, tanto en las conductas autolesivas e intentos de suicidio³, como en los trastornos de conducta alimentaria; siendo estos últimos no solo más frecuentes, sino también más graves que en el periodo prepandémico⁴.
Sin embargo, conviene señalar que esta tendencia ya se venía observando desde años anteriores, especialmente a partir de 2017, tanto en el ámbito nacional como en el europeo.
A nivel nacional, la Encuesta Nacional de Salud (ENSE)⁵ realizada en 2017 estimaba que el 13,2 % de los niños entre 4 y 14 años presentan riesgo de mala salud mental, siendo la prevalencia del 15,6 % en varones y del 10,5 % en mujeres. Por su parte, el Barómetro de Juventud, Salud y Bienestar de 2023⁶ señaló que el 15,6 % de los adolescentes entre 15 y 19 años manifestó haber experimentado con frecuencia problemas de salud mental, con una distribución desigual entre sexos (20,7 % en mujeres frente a 13,3 % en hombres). En cuanto a los diagnósticos más habituales, en la franja de 4 a 14 años predominaban los trastornos de conducta y de hiperactividad, los trastornos de ansiedad, la depresión y los trastornos del espectro autista (TEA). En mayores de 15 años, destacaron los diagnósticos de ansiedad, trastornos depresivos y otros problemas de salud mental⁷.
Otro aspecto importante a destacar es el incremento de suicidios consumados en la etapa infantojuvenil en los últimos años, considerada como la primera causa de muerte no accidental de nuestro país en esta población. Según el Observatorio de Suicidio en España, en 2021 se registraron, por primera vez, 22 defunciones por suicidio en menores de 15 años, y se duplicó la cifra en varones respecto a 2020 (14 frente a 7). Asimismo, en el año 2022, las muertes por suicidio en jóvenes de 15 a 19 años se incrementaron, respecto al 2021, de 53 a 75 casos. En 2023, disminuyeron los suicidios infantiles respecto a los años previos (10 defunciones en menores de 15 años), presentando una tasa de suicidio del 0,15 % y siendo, sorprendentemente y a diferencia de los años previos, más frecuente en mujeres que en hombres (0,22 % frente a 0,09 %). Al contrario ocurría al aumentar la franja de edad, de 15 a 29 años, objetivándose un aumento de la tasa de suicidio de hasta el 4,63 %, siendo más habitual en hombres (6,83 %) que en mujeres (2,63 %)⁸.
A nivel europeo, los datos recogidos en el informe de UNICEF de 2024 reflejan que aproximadamente un 13 % de los menores de 19 años han sufrido algún problema de salud mental, con tasas más elevadas en varones hasta los 14 años, y una mayor afectación en mujeres entre los 14 y 19 años⁹.
Tras los datos presentados, un aspecto clave en el abordaje de los trastornos mentales en urgencias pediátricas es el debate ético y estructural sobre los límites de la atención sanitaria. Tal y como plantea el Grupo de Trabajo de Psiquiatría de la AEPNYA en su reciente reflexión sobre las urgencias en salud mental infantojuvenil¹⁰, muchas de las demandas que llegan a los servicios de urgencias no responden a una urgencia clínica en sentido estricto, sino a un profundo malestar derivado de contextos de vulnerabilidad social no adecuadamente atendidos. Tal y como concluyen los integrantes de dicho Grupo de Trabajo en su publicación, la falta de recursos y coordinación con los servicios sociales y educativos provoca que los dispositivos sanitarios asuman una carga asistencial que excede su finalidad. Este escenario requiere un análisis riguroso y una acción coordinada entre sistemas, que permita establecer respuestas integrales, éticas y sostenibles en el tiempo¹⁰.
En esta línea, en relación a los recursos humanos y estructurales especializados en salud mental en los Servicios de Urgencias Pediátricos, los resultados del estudio preliminar realizado por nuestro grupo, presentado en mayo de 2025 en la XXIX Reunión de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría (SEUP), revelan que en el 92,3 % de los centros participantes la primera atención a menores con patología psiquiátrica la realiza el pediatra, y solo un 38,4 % disponen de espacios específicamente habilitados para ello. Asimismo, en el 61,5 % de los centros, el acceso a la valoración psiquiátrica especializada depende del horario, y el 30,7 % carece de camas para hospitalización de menores con trastorno mental, lo que obliga a su traslado a otros centros. Estos datos reflejan claramente el amplio margen de mejora existente y refuerzan la necesidad de establecer estándares comunes y reforzar la coordinación entre dispositivos asistenciales.
Otro de los retos relevantes en el ámbito de las urgencias pediátricas es la mejora de la atención a los pacientes con TEA. Estos pacientes, particularmente vulnerables a la sobreestimulación sensorial y a las rutinas impredecibles propias del servicio de urgencias, precisan circuitos asistenciales adaptados que favorezcan una atención segura y respetuosa. Actualmente persisten importantes carencias en la formación de los profesionales, en el diseño de los espacios y en la existencia de protocolos clínicos adecuados, lo que pone de relieve la necesidad de implementar medidas estructurales y formativas que garanticen una atención de calidad para esta población¹¹.
Desde el Grupo de Trabajo de Salud Mental de la SEUP se están impulsando diversas iniciativas para conocer la realidad asistencial actual y promover mejoras estructurales y clínicas. Entre ellas, destaca la próxima realización de una encuesta nacional e internacional sobre la atención inicial a los pacientes con TEA en los Servicios de Urgencias Pediátricos, con el objetivo de identificar buenas prácticas, barreras existentes y áreas prioritarias de intervención. Asimismo, se ha iniciado la puesta en marcha de un Observatorio Nacional de Pacientes Pediátricos con Patología Psiquiátrica, cuyo objetivo principal será recoger datos epidemiológicos relevantes, identificar tendencias y orientar futuras estrategias de mejora. La creación de este observatorio representa un paso decisivo hacia una atención más coordinada, basada en la evidencia y adaptada a las características específicas de esta población.
Bibliografía
[ml][ol][li indent=0 align=left]Vázquez López P. La salud mental en los niños y jóvenes: un reto tras la pandemia COVID. Emerg Pediatr. 2022; 1(1): 1-2. Disponible en: https://seup.org/pdf_public/Revista_EP/R1_1_2_22.pdf[/li][li indent=0 align=left]Save the Children. Crecer Saludable(mente). Un análisis sobre la salud mental y el suicidio en la infancia y la adolescencia. 2021. Disponible en: https://www.savethechildren.es/sites/default/files/2021-12/Informe_Crecer_saludablemente_DIC_2021.pdf[/li][li indent=0 align=left]Vázquez López P, Armero Pedreira P, Martínez-Sánchez L, et al. Autolesiones y conducta suicida en niños y adolescentes. An Pediatr. 2023; 98(3): 204-12. Disponible en: https://www.analesdepediatria.org/es-pdf-S1695403322002958[/li][li indent=0 align=left]Murray Hurtado M, Martín Rivada Á, Pestano García S, Ramallo Fariña Y. Influencia de la pandemia por COVID-19 en la incidencia de trastornos de la conducta alimentaria. An Pediatr. 2024; 101(1): 21-8. Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.anpedi.2024.04.013[/li][li indent=0 align=left]Ministerio de Sanidad – INE. Encuesta Nacional de Salud (ENSE). Serie de informes monográficos. Salud mental. 2017. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/estadEstudios/estadisticas/encuestaNacional/encuesta2017.htm[/li][li indent=0 align=left]Kuric C, Sanmartín A, Ballesteros JC, Gómez Miguel A. Barómetro de Juventud, Salud y Bienestar 2023. Madrid: Centro Reina Sofía. FAD Juventud; 2023. Disponible en: https://www.consaludmental.org/publicaciones/Barometro-Juventud-Salud-y-bienestar-2023.pdf[/li][li indent=0 align=left]Vázquez Canales L de M, Guitián Domínguez M. La salud mental infanto-juvenil en Atención Primaria. Rev Clin Med Fam. 2024; 17(2): 92-3. Disponible en: https://dx.doi.org/10.55783/rcmf.170202[/li][li indent=0 align=left]Fundación Española para la Prevención del Suicidio. Observatorio del Suicidio en España. Disponible en: https://www.fsme.es/observatorio-del-suicidio/[/li][li indent=0 align=left]UNICEF. The State of Children in the European Union. 2024. Disponible en: https://www.unicef.org/eu/stories/state-children-european-union-2024[/li][li indent=0 align=left]Morer Liñán A. Urgencias en Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia: ¿Dónde está el límite? Rev Psiquiatr Infanto-Juv. 2023; 40(1): 1-3. Disponible en: https://www.aepnya.eu/index.php/revistaaepnya/article/view/1072[/li][li indent=0 align=left]Wood EB, Halverson A, Harrison G, Rosenkranz A. Creating a sensory-friendly pediatric emergency department. J Emerg Nurs. 2019; 45(4): 415-24. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/j.jen.2018.12.002[/li][/ol][/ml]
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